Unschooling y educación sin escuela: un recorrido real certificado

Unschooling y educación sin escuela: un recorrido real certificado

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Antes de hablar de métodos, enfoques o definiciones, esta es la historia de dos hermanos graduados en West River Academy que crecieron prácticamente toda su vida fuera del sistema escolar tradicional. Ambos atravesaron un proceso de desescolarización profunda durante doce años, certificaron su recorrido académico en WRA y hoy continúan sus caminos en la educación superior y en disciplinas artísticas y deportivas sostenidas en el tiempo.

No es una fórmula ni un modelo universal. Es una experiencia real, con decisiones conscientes, dudas prolongadas, aprendizajes profundos y resultados que se fueron construyendo paso a paso.

Qué es el unschooling y por qué tantas familias lo buscan hoy

Muchas familias que llegan a la educación alternativa lo hacen con preguntas muy concretas: qué es el unschooling, cómo aprenden los niños sin escuela, qué ocurre con la socialización o si es posible acceder a la universidad sin haber seguido un currículo tradicional.

El unschooling es una forma de educación sin escuela basada en el aprendizaje autodirigido. No replica la estructura escolar en casa ni impone materias, horarios o evaluaciones externas. El aprendizaje surge de los intereses reales de cada persona y se acompaña desde la observación, el cuidado y la experiencia.

En West River Academy se certifican recorridos educativos muy diversos: familias que utilizan plataformas académicas, modelos híbridos, proyectos grupales y también procesos de desescolarización profunda.


Este artículo relata uno de esos caminos posibles, no el único.

infancia en unschooling y educación sin escuela

Unschooling como forma de educar… y de vivir

Para esta familia, el unschooling no fue solo una decisión pedagógica. Fue un estilo de vida.

No hubo clases impuestas desde afuera. Sí hubo presencia adulta, cuidado físico y emocional, escucha atenta y acompañamiento constante. Hubo clases, tutores y profesores, pero siempre llegaron desde la iniciativa de los chicos, nunca desde un plan diseñado por otros.

A lo largo de los años exploraron un sinfín de actividades: deportes, artes, idiomas, proyectos creativos, espacios formales e informales. Algunas quedaron, otras se soltaron. El proceso fue siempre el mismo: probar, experimentar, elegir, abandonar, profundizar.

En paralelo, los padres atravesaron su propio proceso de desescolarización del cerebro adulto. Revisaron creencias sobre éxito, productividad, tiempos y aprendizaje. Recuperaron hobbies, pasiones y talentos propios, entendiendo que educar de este modo también implicaba transformarse como adultos.

Mismo hogar, mismas referencias, caminos distintos

Ambos hermanos crecieron con los mismos padres, bajo el mismo techo, compartiendo rutinas familiares, valores y referencias adultas. No hubo proyectos educativos distintos ni estrategias separadas.

La diferencia estuvo en algo más sutil: haber sido dejados en libertad para autoconocerse, equivocarse, explorar sin etiquetas y tomar decisiones propias.

Desde ahí, cada uno fue mostrando una naturaleza muy distinta.

El hermano mayor: estructura, patrones y aprendizaje autodidacta

Desde pequeño se sintió atraído por todo lo que tuviera forma y estructura. Patrones, reglas, sistemas. Crochet, programación, piano con partitura, ajedrez, esgrima. Si tenía un patrón, lo incoporaba de manera natural, incluso en clases de dibujo, elegía el cubismo.

En todas las visitas a los parques y espacios abiertos, siempre tomaba una rama y no como juego simbólico, sino como una extensión natural de su cuerpo. La esgrima apareció por casualidad, en una exposición en una plaza. Nadie le sugirió que lo intentara ni tradujo ese interés por él. Simplemente lo vio y supo que ahí había algo propio.

Lleva diez años practicando esgrima de forma sostenida, atravesando distintas etapas del proceso: entusiasmo inicial, mesetas, pausas y retorno. En 2018 fue subcampeón nacional. En algún momento se tomó un descanso para explorar otros intereses, pero al volver lo hizo con más claridad y decisión. Hoy la esgrima sigue siendo una parte central de su vida.

Su manera de aprender es marcadamente autodidacta y teórica. Aprendió inglés sin clases formales, a través del contacto cotidiano con personas angloparlantes, contenidos en ese idioma y la necesidad real de comunicarse. Con el tiempo se volvió bilingüe en español e inglés, construyendo la mayor parte de su aprendizaje de forma autónoma.

Hoy cursa el segundo año de la Licenciatura universitaria en Robótica e Inteligencia Artificial, luego de haberse graduado en West River Academy.

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El hermano menor: cuerpo, expresión y aprendizaje acompañado

El hermano menor siempre aprendió desde el cuerpo. Caminaba saltando, girando, explorando el espacio como si fuera un escenario invisible.

Llegó al patín artístico por un malentendido: pensaba que “patín” era patineta. Al llegar a la clase se encontró rodeado de patinadoras y siendo el único varón. Aun así, los saltos, los giros y la expresión corporal encajaban con lo que ya hacía de manera natural.

Practica patinaje artístico desde hace ocho años, participando en torneos locales, provinciales e internacionales. Es él quien elige competir, y también en qué categorías hacerlo: algunas temporadas participa en seis, otras en cuatro, según su momento, su energía y sus intereses.

Al igual que su hermano, en algún momento se tomó un descanso para explorar otros caminos. Al volver, lo hizo con más claridad y decisión. Hoy el patín artístico sigue siendo un espacio central de expresión y disciplina, pero no el único. También eligió dar espacio a la enseñanza, colaborando como asistente del profesor en clases recreativas y en niveles competitivos básicos, integrando otra dimensión del aprendizaje: acompañar a otros en sus primeros pasos.

A diferencia de su hermano, disfruta el aprendizaje acompañado. Tomó clases de inglés y japonés con docentes nativos, valorando la guía directa, el intercambio y la práctica. También es hoy bilingüe en español e inglés, aunque su camino hacia los idiomas fue completamente distinto.

Ya se encuentra graduado de una diplomatura universitaria en Gastronomía Internacional.

Disciplina, frustración y reglas: cuando llegan más tarde

Una idea común sobre la educación sin escuela es que elimina la disciplina o las reglas. En este recorrido ocurrió algo diferente.

La disciplina, los horarios y las normas sociales no estuvieron ausentes. Llegaron más tarde. Cuando aparecieron por primera vez, el impacto fue fuerte. Cada encuentro con una regla no internalizada fue un choque, y esos momentos fueron intensos tanto para los chicos como para los padres.

Durante los primeros cuatro años, de un total de doce años de desescolarización, hubo mucha incertidumbre. No fue un período liviano ni idealizado. Los padres se sostuvieron en un mantra simple y profundo: paciencia y confianza.

Con el paso del tiempo, esa duda inicial dio lugar a una certeza tranquila: el proceso no solo estaba funcionando, sino que había sido una de las mejores decisiones que habían tomado como familia.

La diferencia estuvo en la resolución. Cada conflicto se abordó desde la consciencia. Las soluciones se integraron rápido, no como mandatos externos, sino como aprendizajes propios.

Elegir no elimina el esfuerzo

Elegir no significa evitar el esfuerzo. Dentro de lo elegido hubo frustración, repetición, cansancio y también logros.

Ambos dedican entre 6 y 18 horas semanales a sus disciplinas, dependiendo de la temporada, del tipo de entrenamiento y de si hay competencias. No existe una rutina rígida: el compromiso se ajusta a los ciclos naturales de preparación, descanso y desafío.

El esfuerzo no desaparece cuando no hay escuela. Cambia de origen.

unschooling como estilo de vida familiar

Socialización: primero identidad, después pertenencia

En este recorrido, la socialización siguió un orden distinto. Primero vino el autoconocimiento, luego el encuentro con grupos. La presión social afectó menos, pero el sentido de pertenencia llevó más tiempo.

Las modas no resultaban atractivas si no resonaban con una identidad ya formada. No fue mejor ni peor que el camino tradicional. Fue distinto. Y fue consciente.

Un camino posible dentro de la educación alternativa

Esta historia no busca convencer ni establecer un modelo universal. Es el relato de un camino posible dentro de los muchos que hoy certifica West River Academy.

El unschooling y la educación sin escuela no son mágicos ni automáticos. Son procesos vivos, que requieren tiempo, coherencia y confianza. Cuando se sostienen de ese modo, pueden abrir puertas tan reales como cualquier otro recorrido educativo.

experiencias reales de unschooling y educación personalizada

¿Te resuena este enfoque educativo?

Si esta forma de entender la educación conecta con lo que estás buscando para tu familia, puedes conocer más sobre cómo funciona el proceso de inscripción en West River Academy y cómo certificamos recorridos educativos personalizados, tanto tradicionales como alternativos.

Más información e inscripción aquí:

Cada familia recorre su propio camino. En WRA, nuestro rol es certificarlo.

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